(Igualdad)= “Ellas son”

(Igualdad)= “Ellas son”

Lo que voy a decir lo aprendí con los años, no es iluminación ni revelación ninguna solo es parte de una verdad que parece no ser aceptada aún en nuestro tiempo.

Somos nacidos de una madre humana, recogidos y arropados por unos brazos femeninos; los brazos masculinos en cambio no tuvieron el mismo afecto a abrazarnos; sin embargo todo parece rezar que fueron los hombres quienes marcaron el camino cuando en realidad el camino siempre lo han marcado las mujeres.

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Pensemos en tantos otros hombres que salían a buscar sustento, da igual el tiempo o las épocas, siempre ha sido igual, pero lo que no reflejan una realidad que duele, porque no se reconoce quién en realidad sustentaba el hogar no era solamente mérito del hombre.

La mujer ha sido desde siempre el camino a seguir. Hablo en líneas generales tanto de unos como de otros, reconozco el esfuerzo y el aporte del hombre que fue construyendo una sociedad hasta llegar a la actualidad; pero sin justificativo alguno no se tiene en cuenta el aporte femenino.

La mujer ha permitido por las buenas o por las malas ceder el mérito al hombre, pero cada mañana en que ése hombre se levanta recibe primero la gracia de la figura femenina, del calor que solo existe cuando convivimos con ella.

Ella es la que crea el ambiente de hogar, la que le da ese toque especial e invaluable de su divino ser, de su presencia cálida o de su sentido del tacto al percibir a través de su inigualable intuición lo que el hombre necesita para animarse a salir a la calle.

Ellas y voy a hablar en plural, como digo siempre hay excepciones pero en líneas generales así como hay excepciones también de la parte masculina, son ellas las que hacen que todo cobre sentido, son ellas las que forjan a los hombres del mañana, las que trabajan a fondo con las enseñanzas y las estructuras que ayudan a formarse al hombre, los que salen a las calles a buscar el sustento no son más importantes o vitales que las mujeres que llevan adelante una casa, el hogar donde cada uno regresa.

La familia está constituida siempre y cuando haya la voluntad amorosa de mantener unidos a todos sus miembros, la que constituye el pilar que soporta toda la estructura; sin ellas la vida sería un lugar aburrido y sin sentido práctico, los hombres deambularíamos por la faz de la tierra sin otra meta más que comer, vestirse y darse algunos caprichos; pero lo que le da sentido a esto y lo que le da el color real y verdadero al día, son ellas “Las mujeres”.

Puedes viajar por el mundo entero y vayas donde vayas las encontrarás ocupadas haciendo y haciendo y cuidando y protegiendo o proveyendo las cosas necesarias para que todo parezca más bonito, más cálido, mejor agraciado. Sea su casa, sea su jardín, sean sus hijos o su marido.

Son las que ponen alegría y música al mundo que el hombre nubló con su machismo de fuerte; con su necedad de medirse con otros a ver quien la tiene más grande. Pero en los negocios, en las grandes mediaciones sea en lo íntimo como en las grandes negociaciones internacionales, son ellas las que ponen sentido común, evitando así guerras innecesarias, conflictos de dogmas o de leyes absurdas, si todo dependiese solo del hombre hace milenios nos habríamos extinguido convirtiendo la vida en un tonto juego de solo ganar o perder.

Pero ellas nos han enseñado, nos han demostrado que a veces cuando regresas a casa y ves un jarrón con unas flores frescas sobre la mesa te devuelve el alma al cuerpo, cuando al entrar en tu hogar hueles sus guisados o cuando te alcanza una toalla o te deja la ropa sobre la cama, limpia y perfumada.

La que a solas no te humilla y te invita a bailar sosteniéndola de la cintura y te mira como solo ella sabe hacerlo. Todo tu ser se abre al cariño, todo tu cuerpo siente y vibra gracias a ella que te regala esa esencia tan maravillosa de su ser femenino y tu sin entender te entregas.

La que primero se levanta y por lo general la última que se acuesta, la que sabe donde está tu corbata gris, o donde esta tu calzoncillo preferido.

La que te acompaña en silencio mientras miras tu deporte por la tele, aunque no le guste cediendo su derecho a ver algo que le guste a ella.

Llevar los niños al cole, las reuniones de padres donde casi nunca o pocas veces van los padres pero si siempre están la gran mayoría de madres.

Nadie dice que deba ser así, no hay justificante de que la mujer deba ganar menos que el hombre; cuando tiene que salir a trabajar fuera de casa, encima de todo lo que hace en casa le suma el del trabajo afuera de ella.

Mientras el hombre solo desea llegar y dejarse caer en el sofá y beberse su cerveza. Ella llega cansada tanto o más que el hombre, y enseguida como por arte de magia prepara la cena, que uno se pregunta ¿Cómo hizo, si abrí la nevera y no vi nada para preparar la cena?

Cuando cae enferma, porque a veces que son menos de las veces que cae el hombre, se refuerza a si misma y tiene la entereza de pedirte ayuda, porque no puede de verdad, no utiliza excusas es realmente que no puede hacerlo.

En cambio cuando el hombre se enferma… Por poco necesita de un equipo médicos a su lado además de alguien que le sirva o le alcance las medicinas o incluso se las dé en la boca, porque le duele moverse.

Todos estos ejemplos los hemos vivido en algún momento y es por eso que son solo algunos al azar pero la verdad es que hay mucho más que estos, miles más donde indudablemente la mujer siempre nos aventaja, pero no porque compita con el hombre es su don natural, así como el hombre planta las semillas en el surco; la mujer es la lluvia que las riega y hace que germinen y crezcan para dar sus frutos, sin su atención sin sus cuidados, sin su toque mágico este mundo ya no existiría.

Podría destacar miles de ejemplos más como estos; pero quiero destacar con ello que no se trata de que la mujer sea menos que el hombre ni que fuera más importante que él. Estoy convencido que ellas no piden eso ni quieren ser tratadas con lástima ni considerarse ignoradas ni recibir medallas por ello. Simplemente comenzar a vernos como iguales con distintas capacidades, más para algunas cosas y menos para otras, por eso el hombre se complementa en prefecto equilibrio, tan sencillo como eso.

Es tiempo de “Igualdad” De derechos y de responsabilidades, de tiempo para uno mismo individual y generoso, respetarse mutuamente y trabajar en conjunto, sea pareja, madre o compañera de trabajo. Son ellas la brújula que marca el norte y el hombre debe dejar su garrote y aflojar su brazo varonil, soltándose sin prejuicios sin sentido a la bendición de que “Ellas” Sean libres y nuestras pares humanas “Divinas almas humanas”

Ellas ya trascendieron los complejos y pueden vernos como somos en realidad. A ver si nosotros los hombres por fin nos rendimos y entregamos nuestro corazón en sus manos, seguro que nos iría mucho mejor y disfrutaríamos plenamente la vida junto a “Ellas”. JP.

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